Friday, April 04, 2008

Periodismo Portátil en ADN



















Portátil en La Nación de Argentina

Con el dibujo de un "periodista portátil" salió en ADN Cultura, de La Nación, el texto Periodismo portátil, o cómo sobrevivir escribiendo historias por el mundo.

Ellos la presentaron así:

¿Ser freelance o trabajar dentro de una redacción? Para un periodista, la duda equivale al "ser o no ser" de Shakespeare. Con la experiencia de años de reportero globalizado, el autor de La vida de una vaca (Planeta) responde y toma partido.

La nota, aquí

Monday, February 04, 2008

PERIODISMO PORTÁTIL TOUR



Portátil en España
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Portátil en Lima
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Portátil en México
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Portátil en SCL
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Portátil en Viña del Mar
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Portátil en Concepción
Taller en Concepción, Chile, más aquí.




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Tuesday, February 06, 2007

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Periodismo portátil
(O cómo sobrevivir escribiendo historias por el mundo).


por Juan Pablo Meneses/ para El Malpensante


Cada vez con más frecuencia me preguntan ¿Conviene ser un periodista freelance? Y siempre, irremediablemente, aunque sea en la cafetería de una ciudad helada o en las arenas de una playa tropical, digo claramente que no. No conviene, amigo. Y lo digo seriamente.

Desaliento a los periodistas de redacciones cansados de sus jefes, de sus editores que les cortan textos sin leerlos, de los sueldos bajos, de sus caras azules de tanto reportear por teléfono y no salir a la calle salvo cuando hay un amago de incendio. Desmoralizo a los estudiantes de periodismo que sueñan con una vida de viajes, aventuras, mujeres vaporosas, carreras de autos y guerras crueles en países exóticos y que ven en el reportero independiente una suerte de último héroe en tiempos dominados por los grandes multimedios.

No sólo eso. Les cuento que en éste negocio se paga poco, mal y tarde. Que no hay contrato fijo (hasta los periodistas de redacciones cada vez tienen menos contratos en blanco). Que se vive de lo que se produce (con el terrible peligro de mercantilizar tu vida). Que trabajar sin horarios equivale, finalmente, a estar todo el tiempo conectado. Y a los nuevos, que se creyeron eso de que la era digital –con tecnología al alcance de cualquier mano- democratizó los medios, les recuerdo la frase base de la economía de hoy: el grande se come al chico. Y el periodista independiente, por mucho trabajo que tenga, siempre será el insignificante dentro de un océano de tiburones.
Les advierto que no sólo van a tener que escribir y viajar (los dos grandes amores del periodista), sino que deberán aprender a buscar temas, producir historias, vender artículos, financiar reportajes, negociar una buena paga, y además cobrarla. Y para cobrarla no sólo deberán tener paciencia (algunos, especialmente en Latinoamérica, llegan a tardar más de un año en cancelarte), sino que también deben tener una adecuada cuenta de banco, facturas internacionales (el freelance suele trabajar para varios países) y hasta un código swift para los reembolsos en otras monedas.

Les recuerdo que todas esas actividades juntas (las periodísticas y administrativas), las deberán hacer por lo menos una vez a la semana: no hay en toda habla hispana un medio que te pague un trabajo con lo suficiente para vivir un mes. Les agrego que la mayoría de la gente trabaja con horario de oficina, así que por las tardes se sentirán solos. Que las cuentas llegan cada 30 días, y que no te esperan. Les digo que en muchos casos serán tratados con la óptica del inmigrante ilegal: si no te gusta, te jodes.

Y cae sobre nuestras cabezas las pregunta ¿Uno es freelance por opción, o porque no quedó otra alternativa? Será que uno elige conscientemente vivir lejos del amparo contractual de un gran medio, o es que finalmente las circunstancias –políticas, económicas, religiosas y sociales; por nombrar las más obvias- son las que nos llevan a estar en la industria, pero desde un costado.

La misma pregunta se le podría hacer a cualquiera que viva al margen: ¿Estás fuera porque quieres, o porque no te dejan entrar? Y curiosamente es posible, muy posible, que el aislado responda lo mismo que muchos periodistas freelance: por las dos razones. Y las dos, al mismo tiempo.

Siempre las dos al mismo tiempo. El periodista independiente no tiene jefe, y tienes muchos a la vez. Es dueño de su tiempo, y es esclavo del reloj. Es el mercenario pragmático, y es un romántico sin remedio. Es un afortunado que tiene tiempo para viajar, y es la carne de cañón que tenemos para las emergencias. Es libre, y está atrapado.


OFICINA PORTÁTIL
Siempre he trabajado como freelance, aunque fue a partir del año 2000 que comencé a llamar a mi estilo trabajo como Periodismo portátil. Ese año había ganado algo de dinero en un concurso de crónicas, y con los dólares en bolsillo me compré una laptop y una cámara digital. Metí todo en una pequeña maleta y me fui de Chile a escribir historias por el mundo. Ya van más de seis años y todavía no regreso.
Una de las influencias para lanzarme a la aventura fue la novela “Historia abreviada de la literatura portátil”, de Enrique Vila-Matas. Desde las primeras páginas sentí que los requisitos de admisión para ser un buen “shandy”, eran similares a los que debía tener todo el que quisiera hacer periodismo portátil: “poseer como primera condición una obra ligera, transportable, nada retórica y que ocupe poco lugar en la maleta. Debe ser, además, un viajero impenitente, casi un nómada. No pretender grandes ideales, ni plantearse propósitos sublimes. Funcionar como un individuo autónomo. Ser lo suficientemente insolente para enfrentarse con el orden establecido y sentir solidaridad por los desheredados de la tierra”.

Así como Vila-Matas ha confesado que “lo importante no es ambicionar la fama o el ser escritor, sino escribir”, creo que la principal ambición del periodista portátil debe ser poder viajar y sobrevivir de lo que se escribe, por sobre los laureles efímeros o los aplausos de las academias estilísticas. En tiempos que cada vez más periodistas se convierten en periodistas freelance por la única meta de poder subsistir teniendo independencia de sus jefes, el que se vuelca al periodismo portátil busca además –y por sobretodo- recorrer el mundo y vivir de lo que va contando.

No es casual que mi primer libro de crónicas se llame «Equipaje de mano» (Planeta, 2003; Seix Barral, 2005), el nombre de la maleta emblema de lo portátil. Ni que haya sido escrito en cibercafés de medio mundo. Ni que cada una de sus diez crónicas fuera editada por un escritor distinto desde una ciudad diferente del planeta (Juan Villoro desde Barcelona, Alberto Fuguet desde Santiago de Chile, Alma Guillermoprieto desde el DF, Jon Lee Anderson desde Bagdad; citando algunos ejemplos). Tal vez por eso gusta pensar a «Equipaje de mano», como el primer libro completamente de periodismo portátil.

Desde que partí, el periodismo portátil ha tenido sus cambiado técnicos. Por ejemplo, ya no es necesario cargar una laptop. Desde que comprobé que el mundo hay casi tantos cibercafés como pobres y que cada vez cuesta más barata la hora de conexión, eliminé el riesgo de que me roben la computadora y adopte los centros de internet como mi despacho. Una oficina portátil que están en cualquier sitio y que se parecen mucho a la redacción de un periódico. Sólo que a diferencia de los periodistas de planta, que ven todos los días a la misma gente, en la oficina portátil casi nunca vez la misma cara dos veces.

«País portátil» se llamó la novela que en 1968, en pleno boom latinoamericano, se ganó el premio Biblioteca Breve de Seix Barral. Hace poco le preguntaron a su autor, el venezolano Adriano González León, si sería posible hacer poesía con las noticias de todos los días.

Adriano respondió con singularidad: “Las noticias de todos los días son completamente imbéciles, sobre todo las de tipo político, pero las noticias curiosas si dan pie para soñar”. Al igual que el autor de País portátil, creo para el periodista portátil la noticia diaria es anécdota, y que su verdadera noticia es la anécdota. Esa debe buscar.

Cada vez con más frecuencia me preguntan ¿Conviene ser un periodista freelance? Y siempre, irremediablemente, aunque sea en la cafetería de una ciudad helada o en las arenas de una playa tropical, digo claramente que no. Los costos son muy altos, para un beneficio demasiado menor. Para eso, mejor ser un periodista portátil.

Gracias al periodismo portátil he disparado un fusil AKA47 en Vietnam, aparecí en una película porno en Nueva York, celebré el campeonato mundial de Fórmula Uno con el piloto campeón y vi argentinos llorar su encierro en un pueblo abandonado de España. Además, aprendí a diferenciar los medios que no te pagan nunca a los que te publican todo, y saber cuando subir la tarifa o en qué momentos pasar un artículo gratis. Entendí que cada compromiso asumido es sagrado, y que en las fallas se perjudica tu nombre: Tu verdadero capital.

Y aunque he comprobado que es posible conseguir cierta estabilidad laboral y vivir de tu trabajo, siendo un abnegado periodista freelance, vuelvo a inclinarme cada día por el periodismo portátil. Ese que tiene su oficina en cualquier ciudad y que busca, algo tan simple, como querer sobrevivir escribiendo historias por el mundo. Por algo, uno de sus requisitos es: No pretender grandes ideales, ni plantearse propósitos sublimes



Publicado en la revista colombia EL MALPENSANTE

ENTREVISTAS PERIODISMO PORTÁTIL




Portátil en EL PAÍS

Juan Pablo Meneses, periodista 'portátil'
Este escritor no tiene redacción ni oficina, su lugar de trabajo son los cibercafés
EL PAÍS - 05-01-2006
por Fernando García Moncay


El cronista Juan Pablo Meneses (Santiago de Chile, 1969) descubrió que como "hay tantos cibercafés y son tan baratos", no necesitaba cargar en sus viajes con un ordenador portátil. Así que decidió montar su oficina en los cibercafés.

"He escrito historias en cibercafés de Vietnam y de Estambul. En los de Barcelona escribí una gran parte de mi primer libro. En Buenos Aires, la ciudad donde vivo, hay casi un cibercafé por cuadra". La editorial Seix Barral acaba de publicar en Argentina Equipaje de mano, un libro que recoge 10 crónicas de viaje. "Cada una de las crónicas ha sido editada por una persona distinta desde una ciudad distinta. Es el primer libro de periodismo portátil escrito completamente en una oficina portátil y editado a distancia por gente cercana".

Con su primer premio de periodismo Meneses se compró un Compaq E500, pesado y duro, para los golpes, y una cámara digital Olympus Camedia C3030 de tres megapixeles. "Metí todo en una maleta y tomé un avión para Madrid sin fecha de regreso. La única idea que tenía era que debía cumplir lo que decidí que sería la máxima del periodismo portátil: viajar y sobrevivir contando historias. Estaba seguro que con la tecnología eso se podía lograr. Han pasado cinco años. He publicado dos libros, voy a por el tercero, escribo para una decena de países y todavía no regresé a Chile".

Ni portátil ni sitio

El siguiente paso fue prescindir del portátil y de la necesidad de estar en un determinado sitio físico para escribir. "Los ciber tienen la particularidad de que todos, de alguna manera, se parecen y a la vez son diferentes. Entrando en uno ya sabes lo que te espera. Es lo mismo que entrar todos los días a una redacción, con la ventaja que puedes ir cambiando de compañeros de oficina a tu antojo. Si estás en uno que un tipo te fuma en la cara, o una mujer grita mucho, o la música es muy fuerte, te cambias a otro donde sea más agradable entrar en la Red".

"La llave de entrada a tu oficina portátil es una cuenta de correo electrónico. En mi caso,oficinaportatil@gmail.com. Entrar en tu cuenta, es como entrar en tu escritorio. Cada cosa que escribes, la envías a tu correo. Cada trabajo terminado, te haces un enviar. De esa manera, no importa la hora, el país, ni la ciudad. Entras a un cíber, y ahí aparecen tus trabajos. Siempre digo que me pueden secuestrar, subir a un avión y soltarme en el Congo, y pese a todo, sobrevivir. ¿Cómo? Fácil, voy al primer cíber, entro a mi oficina portátil, escribo la hazaña y la ofrezco a los editores que tengo en línea. Con una sucursal bancaria y un cíber se puede viajar por el mundo y sobrevivir escribiendo. Eso sí, trabajando, metódicamente en la oficina portátil, que no por ser invisible requiere de menos responsabilidad".


Publicado en el diario EL PAÍS de España


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Portátil en diario LA RAZÓN



El periodista que escribe sus crónicas en los cyber
Chileno de nacimiento, pero porteño por adopción, es fundador de un "periodismo portátil". Así, recorre el mundo.

Mercedes Mendez




En Estados Unidos se encontró con un pueblo cercano a Tampa, punto de reunión de un grupo de hombres deformes que trabajaban en un circo. En España, llegó a Aguaviva, donde el habitante más joven tenía 60 años. Para evitar la desaparición del pueblo, el alcalde tomó una medida polémica: traer familias argentinas que poblaran la región. Hace poco decidió escribir sobre la importancia que tiene para Argentina la carne y, para entender bien el tema, compró una vaca que crió hasta llevarla al matadero.

Las historias que cuenta el periodista chileno Juan Pablo Meneses recorren varios diarios de América latina. Se presenta como el fundador del periodismo portátil, porque no trabaja en una redacción, sino en los cibercafés de los países en los que se encuentra.

"Yo trabajaba en el diario chileno El Mercurio, pero siempre tuve la idea de irme y de viajar por el mundo", le dice Meneses a La Razón, aunque también habla de lo negativo de su trabajo. "El desarraigo es doloroso. Muchas veces tengo ganas de quedarme en un lugar fijo", afirma, mientras admite que lo que él hace es el sueño de muchos de sus colegas: no depender de los horarios y de la rutina.

Juan Pablo ya publicó su primer libro de crónicas "Equipaje de mano" y los relatos de sus viajes se tradujeron al alemán, portugués y francés. Además, lo llaman de distintos países del mundo para hablar del periodismo "portátil". "Es un concepto muy divertido trabajar en los cyber de distintos países y hasta continentes. Hay gente que se aburre de ver siempre a las mismas personas. En mi caso, yo me aburro de ver siempre a personas distintas".

A diferencia de las redacciones tradicionales, Meneses explica que una de las ventajas de su forma de hacer periodismo es que es la mejor manera de estar en la calle y tener contacto con la gente. Y para evitar problemas, toma algunas precauciones. "Cuando llego a la ciudad en donde voy a escribir, lo primero que hago es chequear en dónde están los cyber y hasta qué hora están abiertos".

Y aunque a sus 36 años ya se conectó en los cyber de las principales ciudades del mundo, hay algo que todavía lo sorprende de Buenos Aires. "Acá la gente está muy conectada. No vi una ciudad que tenga tantos cyber por cuadra como ésta", dice. Cada vez que escribe un artículo, se envía su trabajo al mail y se lo ofrece a los editores para los que trabaja y con quienes también se comunica a través de la red: "No importa dónde esté, siempre puedo acceder a mis trabajos".

Publicado en el diario LA RAZÓN, de Buenos Aires.



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HABLAN DE PERIODISMO PORTÁTIL





Portátil en España

El oficio de Juan Pablo Meneses
Columna escrita por Fernando García Mongay publicada el 21 de agosto de 2006 en aragondigital

Conocí al cronista chileno Juan Pablo Meneses una tarde del pasado mes de febrero en Huesca. Acababa de llegar de Buenos Aires y estaba cansado. Me extrañó ver que llevaba unas pesadas botas bastante gastadas. Daba la impresión de que las botas habían recorrido muchos kilómetros en los pies del periodista. Pensé que, como se trataba de un cronista viajero, las botas formaban parte de su atuendo de trabajo. En la cena, me percaté de que Meneses escuchaba más que hablaba. Preguntaba mucho y respondía poco.

Antes de conocerlo, había leído algunas de sus crónicas en Internet. Después, Julio Villanueva Chang, director de la revista Etiqueta Negra, me trajo de Lima ‘Equipaje de mano’, un libro de crónicas de viaje de Meneses que no se puede comprar en España. Posteriormente, en un viaje a Chile, conseguí un ejemplar de “Sexo & poder, el extraño destape chileno” y, gracias al libro de Meneses, supe de los “cafés con piernas”, una peculiaridad santiaguina. Cuando regresé a España, le entrevisté por mail. Quería que me hablara de lo que él llamaba “periodismo portátil”. Me explicó que había decidido escribir en los cibercafés y su única oficina era una cuenta de correo de Gmail. Meneses vive en Buenos Aires, “donde los ‘ciber’ son baratos y hay muchos”. Si se cansaba de trabajar en uno, salía a pasear y entraba en otro cuando le apetecía volver a escribir.

En su viaje a Huesca, Juan Pablo Meneses impartió un taller a una docena de periodistas antes de intervenir en el Congreso de Periodismo Digital. En el taller, entre otras muchas cosas, dijo que el periodismo es un oficio y que se aprende ejercitándolo. Sin embargo, no concretó Meneses sobre si se trata de un oficio de futuro o de un oficio que puede extinguirse en unos años, como desapareció el periodista mítico con la llegada del cine en color. El gran periodismo, el que se hacía con estilográfica y luego con Olivetti, el que se sustentaba en el carajillo y en una vida envuelta en el humo de los cigarrillos, ese gran periodismo se esfumó con la llegada de los ordenadores.

Los periódicos siempre se han mantenido por emplear sistemas de información mucho más rápidos que los que utilizaban sus competidores. El elegido grupo de corresponsales y enviados especiales facilitaban a los periódicos las historias que los lectores consumían con avidez. En la era de Internet, los lectores disponen de tantas fuentes de información como las que cuentan en los periódicos e, incluso, se convierten en periodistas que explican la actualidad de primera mano en sus blog.El oficio de los cronistas como Meneses comienza a extinguirse porque el buen periodismo no tiene sitio en los periódicos y en Internet pocos medios pueden pagar por crónicas que requieren invertir en viajes y muchas horas de trabajo del periodista. Así las cosas, no cabe preguntarse por el nuevo periodismo. Más bien, lo que nos debe preocupar es qué pasará con el viejo, que es el que conocemos. A los periodistas como Juan Pablo Meneses hay que considerarlos como una especie que hay que proteger. Por eso deben documentar cómo realizan su trabajo. Para que las próximas generaciones sepan de su existencia.




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Portátil en Patagonia


Una historia desde cada rincón del mundo

por Claudio Andrade


Juan Pablo Meneses no tiene escritorio, pero sí una vaca. O más precisamente, Juan tiene una vaca y una multitud de lugares que le sirven de oficina de trabajo.Porque este periodista digital, muy del nuevo milenio, un día decidió que los cibercafés de todo el planeta bien podían convertirse en una patria posible, un espacio desde el cual contar cuál era la historia del día.

Sus crónicas de viaje han sido publicadas en algunos de los más importantes medios del mundo.

Parte de su trabajo se puede leer y disfrutar en la sección de weblogs de "Clarín", para el cual Juan Pablo relató a su modo el Mundial de Alemania 2006. ¡Ah, sí! Con respecto a la vaca, bueno ése es un curioso proyecto que él mismo explica en estas páginas.Con respecto a lo formal, el currículum de este dinámico periodista que por ahora vive en Buenos Aires dice: "Nació en Santiago de Chile en 1969, estudió en Barcelona y vive en Buenos Aires. Sus trabajos se publican en importantes medios de Latinoamérica y España. Es autor del libro de crónicas 'Equipaje de mano'. Fue becario y relator de la Fundación Nuevo Periodismo, de Gabriel García Márquez. Sus viajes han aparecido en National Geographic y se han traducido a varios idiomas".


más aquí


publicado en el suplemento dominical NUEVA, que circula con el diario de Río Negro, Patagonia.


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Portátil en Ñ

Crónicas en estado puro
En “Equipaje de mano” el periodista Juan Pablo Meneses relata su contacto con pueblos y personas, recuperando lo mejor del género: viajar para contar.

Por Héctor Pavón



“Escribir para no morir”, escribió Maurice Blanchot. De algún modo, Juan Pablo Meneses parece haber adaptado la cita por otra que sería: “Contar lo que vi y lo que viví para que los hechos sobrevivan”. Como un emisario que cruza la línea del horizonte, el Meneses cronista y narrador va, mira y vuelve para contar a los suyos lo maravilloso y lo decadente; lo bello y lo temerario; lo melancólico y lo cruel que se vuelve el mundo cuando se abandona la tierra conocida.


Meneses es un periodista chileno que dejó su vida segura en Santiago, Chile, y salió al mundo con su “equipaje de mano” que consistía en un notebook, una cámara de fotos y poca ropa, listo para embalar y embarcarse de nuevo. Equipaje de mano es un libro de crónicas fruto de sus viajes y conclusiones. El cronista, alejado del mundo que trae la globalización a los hogares a través de Internet y la televisión, nos devuelve la imagen documental que supo captar y hacer creíble su mundo real.


Viajar con los justo y preciso. Las crónicas de viaje de Meneses empiezan con frases contundentes, imágenes acabadas. “Esto no parece Estados Unidos”, dice al comenzar el relato del pueblo de Gibsonton, un cementerio adonde van a jubilarse norteamericanos raros y freaks de circo. “Al final de esta historia alguien muere”, advierte en el inicio de “Las piernas de Kenia”, una recorrida por la cuna de corredores africanos y su contexto bastante poco feliz. “Una granada para River Plate” es la crónica de un viaje de “Los de abajo”, la barra brava del club de fútbol Universidad de Chile, al Monumental para jugar una semifinal de la Copa Libertadores. Los hinchas llevan una granada que piensan tirar en pleno estadio de River. En “Amazon boys” retrata a los guías de turismo peruanos que trabajan en el Amazonas con la secreta pero explícita voluntad de conquistar una gringa que los lleve lejos de allí. Muchos de ellos tienen éxito y son idolatrados por los que quedan a la espera de cambiarlo todo por una cama en el Primer Mundo. “Ricky es la estrella de la nueva camada de guías. Usa perfume, cinturón de cuero, linterna, repelente alemán en sus brazos oscuros y está aprendiendo a pasarse bloqueador solar por los labios”, es la descripción de Meneses de uno de esos sex guías.


La edición del libro es de lujo. Cada relato ha sido leído por periodistas y escritores como Martín Caparrós, Alma Guillermoprieto, Jon Lee Anderson, Juan Villoro, Edmundo Paz Soldán o Julio Villanueva Chang, director de la revista peruana de crónicas “Etiqueta Negra”, quienes también sugirieron cambios. La publicación de este libro acompaña cierto movimiento latinoamericano que le devolvió vida a la crónica. Ese espacio se está ampliando particularmente en la Argentina. El libro de Meneses cuenta historias, recrea escenarios y revive personajes para la supervivencia que la crónica diaria les suele negar.

Publicado en la Revista Ñ, del diario Clarín, de Argentina.


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Portátil en Costa Rica


El arte del trotamundos

por Ana Wajszczuk
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"La ansiedad por encontrar una historia me está consumiendo la garganta, que lleno con un cigarrillo tras otro durante toda la madrugada, en espera de que algo pase". La frase habla de la adrenalina por contar lo que se ve y se vive, y podría haber pertenecido a Robert L. Stevenson, a Daniel Dafoe, incluso a Stendhal o Víctor Hugo; más acá en el tiempo a Capote, Lowry o Kerouac o Wolfe, más allá en la historia latinoamericana, a cualquier cronista de Indias. Pero pertenece a Juan Pablo Meneses; escritor joven, chileno y contemporáneo que continúa el camino de todos esos escritores ambulantes que supieron y escribieron que la realidad, sin duda y siempre, supera a la ficción, y que nada nos permite adentrarnos en los hechos que puntean lo que llamamos "realidad" tanto como viajar.

Equipaje de mano, el primer libro de Meneses, habla de todas esas cosas: del viaje como la antípoda del turismo, de historias perseguidas o encontradas, de ciudades y personajes que nunca hubieran cobrado vida si no fuera porque Meneses caminó esos caminos que nos parecen fantásticos, como recorrer Gibsonton, un pueblo de Florida donde se retiran los trabajadores de circo. O lejos de nuestro alcance, como una travesía en el Arctic Sunrise de Greenpeace. O peligrosos, como un viaje de incógnito con los hinchas de fútbol chilenos. O directamente -y en estos relatos es donde quizá Meneses despliega mejor su maestría-, caminos donde nosotros no hubiéramos encontrado qué diablos contar, como en Aguaviva, ese pueblito español donde absolutamente nada sucede, o en ese viaje por los pueblos ferroviarios abandonados del sur chileno, o ese campeonato de Fórmula Uno que pudiera parecer, a primera vista, tan poco interesante.

Meneses viaja y escribe, pero no para contarnos lo maravilloso y buenísimo y espectacular de los paisajes sino para mostrarnos, a través de su prosa fluida, lo que nunca podremos ver como turistas. Se convierte tanto en el lector como en testigo y protagonista (parece saberse de memoria ese clásico de Antonio Machado que dice que no hay camino, sino que se hace andando: golpe a golpe/ verso a verso); su mirada de antena parabólica recrea cada detalle y nos sumerge en las historias de decenas de personajes que parecen existir solo porque el escritor los tiene en cuenta. Y su capacidad para hablarnos de lo universal en lo particular le permite crear empatía con el lector y contar el trasfondo que ve en los países por donde viaja, así habla con la autoridad del in situ de nacionalismo, fronteras, inmigración, pobreza, sueños americanos, desarraigo, olvido. Todo eso, en diez crónicas, abonadas con lo excitante del relato de aventuras, y la rigurosidad de la investigación periodística.

Dice Meneses -que desde hace cinco años vive viajando y tiene como instrumentos de trabajo los cibercafés, su cuenta de correo electrónico y su pasaporte-: "La única idea que tenía era que debía cumplir lo que decidí que sería la máxima del periodismo portátil: viajar y sobrevivir contando historias".

Editado en Chile en 2003 (donde se llevó varios reconocimientos, entre ellos Mejor Libro de No Ficción del año); Equipaje de Mano fue reeditado a finales del año pasado por la flamante colección de crónicas de Seix Barral y va de la mano con un cierto renacimiento en el mercado editorial de la crónica periodística como arte narrativo.

Además del lugar que las grandes editoriales le han vuelto a dar a este tipo de textos; florecen las revistas de crónicas como la colombiana Gatopardo, Etiqueta Negra de Perú, Lateral en España -por citar solo algunas donde escribe Meneses-.

Publicado en Áncora, el suplemento cultural del diario LA NACIÓN de Costa Rica.


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Portátil en Playboy

El trotamundos modelo XXI lleva notebook y cámara digital en el bolso y viaja de aquí para allá practicando lo que él mismo llama"periodismo portátil". El trotamundoses chileno, vive en Buenos Aires, se llama Juan Pablo Meneses y se dedica, claro, a viajar y hacer crónicas sobre esos viajes. Los textos aquí recopilados, además de mostrarnos un mundo que regularmente no vemos, nos ponen frente a nuevas artesanías del periodismo.

Revista Playboy Argentina.

Tuesday, January 30, 2007

LIBROS DE PERIODISMO PORTÁTIL



Dos portadas del mismo libro: "Equipaje de Mano", crónicas de periodismo portátil.